
No supo el Licenciado que al buscar los groseros cimientos de la política imperial, iba a escribir las primorosidades del «orfebre» y que trabajando con el anhelo de encontrar la verdad, encarnó su dictamen una protesta contra la injusticia. Servía así a su patria con creces; pues no solo representó lo que el genio español tenía entonces «de organizador y expansivo», sino lo que poseía de sapiente y humano. En su dictamen se trasparenta el carácter noble de la raza. Para él, la conquista no había de ser la tala de territorios, ni el aniquilamiento de las razas aborígenes; no, la conquista era para ese hombre ilustrado y humano la absorción en la raza vencedora, de lo que en la vencida hubiera de aprovechable. Pero no vamos a juzgar de la nobleza del arma de la raza española, compulsando sus valores negativos, patrimonio de todas las épocas y de todos los pueblos, muy al contrario, como observamos que de la relatividad de los guarismos morales, los del mal tienen mayor suma de contingencia si los errores y las faltas abrieron surco, dejaron también estela de luz, los beneficios y las virtudes, y hay que buscar en esa hidalguía ingénita del español, en ese generoso espíritu altruista de la raza, en ese afán de novedad y brillo por aspiraciones idealistas, la remota simiente de las mejores cualidades del mestizo del Perú. En la liquidación de los valores morales del régimen español, acciones e ideas como las de Ondegardo, representan toda una reivindicación, y cuando se considera la eterna fecundidad de la justicia y del deber, el olvido se encarga de ocultar el daño «ante el mérito del sembrador».
Nació en Cajamarca el 11 de abril de 1892 y murió en Lima el 4 de julio de 1974, quien fue, según Augusto Salazar Bondy, "una de las figuras más representativas del pensamiento filosófico en el Perú del siglo XX y, sin duda, el pensador que ha logrado con mejor éxito dar un giro original y un sello distintivo a su reflexión". Estudió en el Colegio Naiconal San Ramón de Cajamarca y en las Facultades d e Ñetras y Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de San Marcos. Su doctorado en Letras fue La Filosofía fe Henry Berson (1916), filósofo que constituyó en una influencia casi permanente en su obra. Iberico fue catedrático y llegó a ser rector de San Marcos (1952-1955).La positiva, representada por la tesis El Carácter (1913). La bergnosniana, que comprende: la fase estetizante: Una filosofía estética (1920), y la fase religiosa: El nuevo absoluto (1926). La etapa de la madurez, en la que se distinguen cuatro fases: la del descubrimiento de las contradicciones en la unidad, que abarca el artículo Él viaje del espíritu" (1928) y el libro La Unidad divina (1932); la del hallazgo del ritmo cósmico, sobre todo en el paisaje, que comprende las notas sobre el paisaje de la Sierra (1937) y El sentimiento de la Vida cósmica (1939) - y cronológicamente - los Principios de Lógica jurídica (1944), la filosofía de la Aparición. Ensayos sobre el ser y el aparecer (1950) y, las obras posteriores vinculadas a esta última : Perspectivas sobre el tema del tiempo (1958), El espacio humano (1969) y La aparición histórica (1971), en que se bosqueja una filosofía del tiempo del espacio y de la historia, pero que no llega a constituir una etapa aparte. Nosotros nos ocuparemos aquí sólo de La aparición, el mejor libro de Iberico, y de su crítica de la época contemporánea. La aparición comprende dos partes.
- La primera trata, la poesía, que según Iberico, es un testimonio invalorable para estudiar el tema que lo ocupa y, porque es una zona de meditación preliminar a la intuición de la problemática y de la significación del aparecer.
- La segunda parte trata del objeto de la investigación. Existen tres modos de concebir el ser: el lógico, el existencias, y el esencial. Iberico se constriñe al estudio del ser según el modo existencial.
El análisis de la idea de ser, lleva al autor a formular dos proposiciones: que el ser es uno y que es: alteridad. Por otro lado, la intuición del ser particular, muestra que es aparición y desaparición, que el ser se determina como existen por su esencia y que el ser es para ser contemplado, es decir, que el reflejo es espectacular del aparecer, es condición de existir. El ser está vinculado al aparecer, por la creación y él retorno.
¿Existe una unidad entre el ser y el aparecer? Sí, piensa Iberico, es la realidad, cuyas características son: la participación, la aparición y la transitividad.
Una descripción del aparecer muestra:
El es una heterogeneidad inexhaustible, que se despliega en el espacio y en el tiempo. El es un aparecer a un alma. El está sujeto a las leyes empíricas del contraste y de la alternación rítmica. El se da según modos y relaciones comparables a las existentes en el mundo de la luz. Todo aparecer expresa o dice relación al ser. El desarrollo de estas proposiciones enseña que estas tres unidades ontológicas o existenciarias - ser, aparecer y reflejo espectacular del aparecer - se corresponden, se implican y se reclaman: el ser aparece, la aparición es y el reflejo del alma aparece y es.
En el plano de la especulación metafísica hablamos de la derivación de lo múltiple a partir de lo uno y de la reducción de lo múltiple a lo uno. El tránsito mismo del ser al aparecer y a la inversa es impenetrable al pensamiento conceptual y sólo puede ser descrito con los términos de creación y milagro. A su método de captación de lo real, Iberico lo denomina intuitivo, y habla de su pensamiento como una filosofía de la superficie - aunque manifiesta que desde otro punto de vista es una filosofía de la profundidad.
Iberico ha realizado dos consideraciones sobre la crisis de la época contemporánea.
La primera está contenida en su libro El nuevo absoluto (1926) en el ensayo que da su nombre al volumen. Según el autor, la agitación de la época está caracterizada por la soledad del hombre actual en el tiempo, por la voluntad religiosa que se advierte y por el Nuevo Absoluto que irrumpe. Para lo primero, la solución es crear mediante la técnica de la cultura un nuevo anhelo sacro. La ruptura con la tradición ha puesto de manifiesto precisamente una nueva voluntad religiosa, como se nota en el socialismo y en la nueva metafísica. Esta última postula un Nuevo Absoluto, que ya no es estático como en el pasado sino dinámico.
La segunda crítica de nuestro tiempo se encuentra en el volumen "La aparición histórica" (1971) en el artículo "Homogeneidad y división". La tesis de este ensayo es, mientras en el mundo contemporáneo aumenta la homogeneidad - como se puede observar del predominio del sentido económico de la vida, de la universal fe en la técnica y del creciente pragmatismo -, no se produce paralelamente un mayor crecimiento de la armonía, del entendimiento y de la paz, sino una división cada vez mayor. Esta división es horizontal, entre grupos y Estados; y vertical, en el propio seno de las diversas comunidades nacionales.
La solución que Iberico propone para remediar este problema es "defender y preservar el acervo tradicional, la idiosincrasia de la propia nación contra la marea de la igualación cosmopolita", con lo que cree que no sólo se sirve a la causa del particularismo, sino además al imperativo de mantener la viviente unidad de lo diverso.
DAVID SOBREVILLA
LAS IDEAS EN EL PERU CONTEMPORÁNEO
P. 163 - 164 - 165 - 166
HISTORIA DEL PERU. TOMO XI
EDITORIAL JUAN MEJIA BACA


Nació en la ciudad de Cajamarca el 29 de abril de 1826, en la casa 54 de la calle Huaraz (hoy Jr. José Galvez), del matrimonio de don Cipriano Casanova y Doña Manuela López. La sociedad de Cajamarca ha recogido con cariño, y conserva con respeto, el nombre y el recuerdo de la familia de don Toribio Casanova. Era una de esas familias patriarcales, de las que tantos ejemplos ofrecía el Perú en los primeros años de República.